¿De qué hablamos cuando hablamos de educación? Formación integral y Bildung

Hay quienes piensan que la exigencia de claridad en el uso del lenguaje es una exigencia frívola, especialmente en los momentos de crisis en los que las cosas pasan demasiado rápido como para detenerse a pensar. Esta insensibilidad en el uso del lenguaje va aunada a una especie de ceguera que no es física, es cognitiva: cuando carecemos de las palabras adecuadas, somos incapaces de reconocer lo estamos haciendo. Lo mismo es cierto al revés, una reflexión sobre la forma en que usamos el lenguaje es también una reconsideración de nuestra propia praxis y, por tanto, un camino crítico para evaluar, más que las consecuencias, las coordenadas básica sobre las que se desarrollan nuestros actos. De este modo una reconsideración del lenguaje que usamos es una posible herramienta de crítica que se puede desplegar en muchos aspectos de nuestra vida práctica.

A continuación hablaremos de cómo aplica esto a la educación escolar teniendo como horizonte un concepto central en las consideraciones pedagógicas contemporáneas: Bildung.

En los colegios pasan muchas cosas que para muchos se pueden resumir en una palabra: educación. Esta palabra suele ir acompañada de un apellido principal: integral. En palabras de Martinez Barrena (2009) esta forma de entender la educación se encuentra dirigida a lograr en los estudiantes:

La capacidad que tiene el ser humano para vivir y compartir con otras personas, para transformar su entorno social y cultural, para participar en la convivencia conjunta que garantice los bienes sociales primarios para vivir y dejar vivir en libertad, para reconocer las diferencias u opiniones de sus conciudadanos y en fin para vivir en sociedad. (p. 133).

En ese sentido, siguiendo las palabras del autor, la educación integral no se dirige a un solo frente, sino que articula en una práctica social compleja varios intereses:

  • Lograr que los estudiantes convivan pacíficamente con otras personas.
  • Dotar a los estudiantes de agencia social y cultural.
  • Ofrecer a los estudiantes herramientas para participar libremente en la dinámica social de producción y consumo de bienes.
  • Garantizar la habilidad de los estudiantes para reconocer las diferencias de opiniones como un aporte valioso para su propia experiencia humana.
Dicho esto, evidentemente educar no es un término transparente, más bien es una palabra que oculta diferentes interés que se encuentran vinculados con un proyecto práctico que carácter social y político. En el caso de Colombia, sin duda una educación integral se encuentra alineada con el interés de lograr una prosperidad nacional y superar las carencias sociales y políticas que han caracterizado la casi toda su historia republicana. En ese sentido, la educación integral es un modelo complejo de educación cívica que se articula en frentes que van más allá del político y que se centra especialmente en dotar a los estudiantes de unas determinadas capacidades, entre las que se incluyen la habilidad de participar pacíficamente en la sociedad, adquirir conocimientos útiles a esta y la destreza para identificar en el disenso oportunidades para el crecimiento personal. 

(La educación política no es un problema menor. También es un problema demorado.)

Esta forma de entender la educación, pese a lo que algunos autores pretenden, se encuentra muy distante del concepto de Bildung, tal como ha evolucionado históricamente y cómo se presenta en las discusiones contemporáneas sobre formación y educación. Según Rebekka Horlacher (2015), la Bildung presenta en todas sus presentaciones y usos algunos elementos diferenciadores que lo distancian de otros ideales formativos:

el concepto encierra una idea de interioridad y de formación personal; [...] se lo asocia con un ideal estético; y [...] puede usárselo simultáneamente como consigna política y como signo apolítico de distanciamiento respecto de la sociedad. (p. 12)

Estos tres elementos del concepto se encuentran profundamente relacionados con su procedencia mística y religiosa y, además, con la evolución que ha sufrido el concepto a lo largo de la historia educativa alemana.

En primer lugar, hablemos del sentido místico de la palabra. En este contexto, mística refiere a todos aquellos fenómenos que no pueden ser comprobados objetivamente, es decir, que se encuentran vinculados a un punto de vista privilegiado por una situación determinada. En el presente se puede hablar de muchos ejemplos de mística como los viajes alucinógenos o las experiencias religiosas sobre las que se construyen varios de los cultos alternativos del presente (por ejemplo, las iglesias evangélicas). Como señala la autora, la palabra bild, aparece por primera vez en un contexto fuertemente religioso en referencia a la creación del ser humano. En la primera traducción alemana de la Biblia se traduce el fragmento que en español queda así: "Y creo Dios al hombre a su imagen, a imagen de dios lo creó; varón y hembra los creó" como "Und Gott schuf den Menschen als sein Bild, als Bild Gottes schuf er ihn; als Mann und Frau schuf er sie". Y señala la autora: 

El desafío del hombre consistía en mostrarse merecedor de su semejanza divina y encontrar en su alma a Dios, que había quedad oculto tras el pecado original y los pecados del mundo. Se trataba de despojarse de las imágenes de un mundo lleno de pecado y reemplazarlas por la imagen pura de Dios. (Horlacher, 2015, p. 20)

El asunto es que esta búsqueda de la imagen real, de la bild, de cada uno no es un proceso que se pueda desarrollar metódicamente, pues de entrada se encuentra en un ámbito que es inasequible a las consideraciones regladas por observaciones externas. Aquí no se trata de la herencia teológica de la palabra, sino del hecho de que se trata de una búsqueda que se encuentra vinculada con la propia individualidad, con la propia situación. La imagen que se encuentra como soporte de la formación solo puede ser comprendida desde el punto de vista personal y, en ese sentido, no es algo que se pueda garantizar por medio de la adquisición de una serie de competencias. Por el contrario, parece que se trata de un proceso que requiere un ejercicio de autoesclarecimiento. El proceso de bildung implica reconocer en sí mismo la imagen hacia la cual el proceso formativo se encuentra dirigida y, por ende, requiere un proceso personal de descubrimiento y crecimiento.

Dicho esto, es claro que el ideal de la educación integral no implica necesariamente la construcción de este tipo de interioridad. Lo importante es la adquisición de unas competencias determinadas. Esto plantea un importante problema de cara a la comprensión de la politische bildung en consonancia con la formación integral que se busca en las escuelas colombianas, donde lo que prima como horizonte de la formación política es la adquisición de competencias ciudadanas y no la construcción de una vida interior en la que se vincule la vida personal con la experiencia política que vivimos como sociedad.

Referencias

Horlacher, R. (2015). Bildung, la formación. Octaedro.

Martínez Barrera, F. (2009). Formación integral: compromiso de todo proceso educativo. Docencia Universitaria, 10, 123-135.

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