¿Por qué la filosofía de la educación es relevante?
La filosofía de la educación no se puso de moda, siempre ha estado de moda. Los diálogos tempranos de Platón tienen una temática recurrente: la educación de la juventud. Dos ejemplos muy llamativos son el Protagoras y el Laques. El primer diálogo pregunta directamente sobre la posibilidad de enseñar la virtud en general; el segundo cuestiona la posibilidad de enseñar una virtud en particular: la valentía. Ambos escritos son un síntoma del giro ético que significó la figura de Sócrates en el contexto de la filosofía griega, tal como atestigua Aristóteles en el primer libro de la Metafísica. Esta es una evidencia clara de que la pregunta por la educación encierra tensiones morales y políticas que la ponen en primer plano en las discusiones de la filosofía práctica.
Esto se repite en la modernidad, especialmente en la filosofía de Rousseau y de Kant, quienes encuentran en la educación un problema fuertemente vinculado con la experiencia y el porvenir moral de los individuos y de la sociedad. En el idealismo alemán son abundantes las reflexiones pedagógicas, especialmente en pensadores como Schiller y Hegel. Existe una profunda reflexión pedagógica y cultural en el pensamiento de Nietzsche. La tradición marxista es crítica de la forma en que la escuela se ha alineado con los intereses dominantes del capital, algo que no solo se puede ver en Althusser, sino que se encuentra muy presente en los diferentes momentos de la teoría crítica de la primera generación de la Escuela de Frankfurt.
En el último siglo, la escuela y la educación formal han sido problematizadas especialmente en las corrientes angloamericanas de pensamiento y por los sociólogos, historiadores y filósofos latinoamericanos de la educación. Llama la atención que la educación no ha sido un tema central en la filosofía posmoderna o en las corrientes continentales de pensamiento contemporáneas. A excepción del Maestro ignorante de Jaques Rancière y del renombrado análisis que hace Michell Foucault de la escuela en Vigilar y castigar, no son comunes las reflexiones que se demoren en la educación como un problema filosófico; más bien, como ocurre en la investigación sobre formación política en Alemania, las discusiones de este tipo tienen más un carácter más empírico y pragmático que filosófico. Aunque claramente esta decisión esconde ya una afirmación de lo que significa educar y una posición sobre el tipo específico de conocimiento que se adquiere cuando se investigan las realidades en las escuelas y universidades.
La educación es un problema práctico y como tal es importante no confundir las máximas normativas que nos sirven para orientarnos en nuestra práctica educativa con los problemas concretos que surgen cuando estamos en un aula. Un problema concreto puede ser el manejo en el aula, la indisciplina de un curso o la dificultad de organizar coherentemente un currículo. Un problema concreto también puede ser determinar una ruta didáctica para un determinado aprendizaje o la manera más eficiente de preparar a alguien para las pruebas de Estado. Otro tipo de problema puede tener que ver con las perspectivas críticas de la educación que buscan mostrar las contradicciones que existen en determinadas prácticas educativas o los sesgos ideológicos o políticos presentes en un discurso y en una práctica de la educación. Incluso, un problema concreto también puede ser la determinación de la política pública que permita lograr mejores índices de calidad. Todos estos son problemas que refieren a las realidades in situ de la educación que los docentes y las instituciones educativas enfrentan a diario. Otros son los problemas de la filosofía de la educación.
Cuando hacemos filosofía de la educación reflexionamos sobre la estructura conceptual sobre la que se articula el fenómeno educativo, para hablar en un sentido general de todo aquello a lo que nos referimos como educación. En tanto práctica, lo primero que sale a la luz es la pregunta por los fines de la educación. Pero esta pregunta no viene sola, implica el reconocimiento de una posición sobre lo que significa ser humano, vivir en una sociedad, una buena vida, tener un futuro y muchas cosas más. De entrada nos encontramos una pregunta que despierta un horizonte de preguntas difíciles que tienen importantes resonancias éticas y políticas. ¿La educación? Esa es otra pregunta: hay muchas formas de entender lo que ocurre en un aula. Puede ser "adiestrar", "mostrar", "hacer competente a alguien", "bildung", "educación integral", "entrenar", "criar", "liberar"; todas estas son prácticas diferentes, son juegos del lenguaje diversos que tienen consecuencias variadas e incluso contradictorias.
Responder a estas preguntas, así no sea de manera definitiva, esclarece nuestra práctica educativa. Por eso es muy importante que los docentes a su manera sean filósofos. Ciertamente la filosofía no es la madre de las respuestas definitivas, más bien es la partera de las preguntas decisivas. Estas son cuestiones que nos permiten ver lo que estamos haciendo cuando educamos y que, por ende, nos orientan en el marco de una tradición educativa que no es crítica de sus propias prácticas y de las condiciones teóricas y materiales en las que se desarrolla la educación. En ese sentido, más que cualquier otra filosofía práctica, la filosofía de la educación invita a la acción. Es una filosofía transformadora, potente.
Referencias
Siegel, Havey. (2009). Introduction: Philosophy of Education and Philosophy. En H. Siegel, The Oxford Handbook of Philosophy of Education. Oxford University Press.


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